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noviembre 01, 2010

Desinformación Masiva (Punto de autoreflexión)



El asunto de la información es particularmente importante en nuestros días. Cada uno de nosotros somos nuestros pensamientos, sentimientos, ideas, motivaciones, deseos... pero cuánto influyen en ello, en lo que somos, la información que recibimos de afuera?.

Esperemos que en un futuro una nueva concepción de los medios de comunicación reflejen una sociedad nueva en la que el hombre y su desarrollo sean el fin supremo de todo esfuerzo social.

“EL AUTORITARISMO EN LA COMUNICACIÓN”

AUTORITARISMO - COMUNICACIÓN
Armand Mattelart

VERTICALIDAD DEL MENSAJE

El concepto ‘libertad de prensa’, plenamente legítimo en toda sociedad, lo utiliza dolosamente la minoría que posee la propiedad de los medios de comunicación, para ejercer una comunicación vertical, unilineal, de arriba hacia abajo.  
Ésa es una comunicación aplastante, en la que le emisor impone, en la transmisión de su mensaje, una cosmovisión que conlleva intereses, aspiraciones, valores, normas… que poco o nada tienen que ver con los intereses del receptor.
En esta comunicación la única participación que se le concede al receptor es la de participar de vez en cuando en encuestas que no son sino una retroalimentación del mismo sistema de comunicación para comprobar en qué medida esta comunicación vertical incide en la masa popular. La única libertad que le queda al receptor es la de aceptar o no lo que la prensa le comunica cada día, aceptación que los medios de producción plasmarán en la comprobación de los ejemplares vendidos, que, a su vez, les servirá de retroalimentación para ratificar sus propias directrices y criterios.
Los productores manipulan la idea de que la producción está sometida a la voluntad del comprador y hasta le ponen el nombre de ‘dictadura de los consumidores’. Ésta es la típica idea capitalista destinada a perpetuar la división de clases sociales: nosotros los productores – ustedes los consumidores haciendo creer a los consumidores que son ellos los que deciden. Aún en el caso de que el pueblo pueda participar como actor de una noticia, lo hace en función de los intereses del generador de la noticia, el capitalista, porque el profesional asalariado la trabaja en función de los intereses de quien paga. Desde este punto de vista incluso la noticias que surgen en el pueblo, por la verticalidad con que son emitidas, sirven para legitimar el sistema de dominación (Salvamento de los mineros de Chile).
Por eso se puede afirmar que en la sociedad capitalista la burguesía domina la información. El mensaje refleja la práctica social de la burguesía y no la del pueblo. La imposición comunicativa no sólo alcanza al modo de comunicación sino también al concepto mismo: sólo el que tiene el poder tecnológico tiene el poder de comunicar.
En un proceso revolucionario hay que invertir los términos autoritarios haciendo de la comunicación un instrumento donde culmine la práctica social de los grupos dominados y se establezca una comunicación recíproca entre emisor y receptor. Es la forma en que hablar de libertad de expresión tenga sentido y no sea más una cuestión unidireccional.
EL LENGUAJE DE LA MANIPULACIÓN

·         La forma mercancía
Una de las formas de manipulación de la comunicación es tratarla como una mercancía más del mercado, como un elemento más de las relaciones sociales en una sociedad de clases.
En el sistema capitalista de producción las mercancías son el resultado de la actividad humana. Toda mercancía es intercambiable y vendible. Lo mismo ocurre con la actividad ideológica y cultural. La producción mercantil cultural e ideológica también es intercambiable. Desde el punto de vista capitalista la distancia entre emisor y receptor es la misma que entre productor y consumidor. La comunicación es una forma más del mundo de las mercancías y productos.
Así como el consumidor no puede decidir sobre las características de los productos del mercado, tampoco puede decidir sobre las características de los consumos de TV, radio o prensa. Se las dan todas hechas, como los productos, de acuerdo a los intereses del productor. La única capacidad que se le otorga al consumidor sobre el producto es la de recibirlo como viene. Igual ocurre con la comunicación. Aunque tenga apariencia de liberación o de servicio, el lenguaje del discurso publicitario es un lenguaje coercitivo y represivo. A decir de Mattelart, el publicitario es un lenguaje autoritario pseudo-dialéctico que utiliza una magia entre amo y esclavo.
Para poder entender esto, el autor utiliza la comparación con el concepto del término ‘orden’. En una sociedad burguesa, orden es un concepto totalmente autoritario, cerrado y elaborado a la medida de los intereses del dominador. Es el principio equilibrador que legitima las instituciones sociales organizadas por el dominador. Algunos le llamarán a esto ‘violencia institucionalizada’.
·         El terrorismo lingüístico
El discurso dominante es un discurso típicamente coercitivo y represivo. Y por ello terrorista.
Examinando los términos antagónicos ‘libertad-totalitarismo; democracia-dictadura’, en la medida en que una persona se cobija a sí misma bajo el término democracia, automáticamente está colocando al adversario bajo el término totalitarismo, sin ningún matiz ni posibilidad intermedia o diferente.  Igualmente si alguien califica a su propuesta de democrática, automáticamente está calificando al resto de dictadura, auténtico lenguaje terrorista. Utilizar un lenguaje electoral, por ejemplo, de este modo, supone coaccionar y violentar conciencias: o conmigo (libertad, democracia) o contra mí (totalitarismo, dictadura).
Estas disyuntivas son usurpadoras de la realidad, en la cual siempre caben matices entre dos polos opuestos. El binomio antagónico orden-desorden traduce bien el lenguaje represivo de esta antinomia en la que se encierra una intolerancia máxima: o se acepta el orden entendido desde el discurso dominante (las instituciones organizadas a su exclusivo servicio) o se cae en el desorden definido también desde su particular perspectiva (lo que no les favorece a ellos lo definen como caos y destrucción total). Desde su particular punto de vista, la violencia comienza cuando algo va contra el ‘orden establecido’ desde su discurso.
Este lenguaje resulta autoritario y coercitivo por unívoco y falto de expresión dialéctica. A través de él, el discurso dominador se apropia de los intereses de todas las clases sociales y se arroga la exclusividad de definir y organizar los de cada una de ellas. De este modo obligan a aceptar su opinión privada como opinión pública.
·         El universo atomizado de la comunicación
El objetivo del discurso dominante es mantener dividida a la sociedad. No importa si en la comunicación el discurso dominador se encuentra a la ofensiva o a la defensiva. Siempre tendrá como objetivo la división y, por ende, resulta violento.
Y más que violento. Esta reflexión del universo atomizado de la comunicación quizá sea el punto más sutil y la clave para entender y explicar el lenguaje mercantil de la comunicación que Mattelart tilda de ‘terrorismo’: la atomización deliberada del lenguaje dirigido a los diferentes estamentos sociales. El discurso dominante consigue esta atomización con la proliferación de revistas especializadas dirigidas a públicos diversificados de las diferentes clases sociales con el objetivo de mantenerlos incomunicados, divididos y, a la postre, dominados.
A simple vista la proliferación de revistas puede parecer algo inocuo y hasta divertido para que cada quien escoja según sus gustos. Nada más lejos de la realidad. Es ésta la expresión más palpable de la coerción que ejerce el poder ideológico dominante, pues bajo la apariencia de introducir al lector en su propio mundo cultural, antropológico, económico, incluso de género, con su lenguaje sesgado, consigue incomunicar a los grupos sociales e impedirles ver la realidad social en su problemática global.
Cada una de ellas con sus lenguajes específicos y la especialización técnica de esos mismos lenguajes, resultan totalizantes para la clase social que los utiliza, divide y aísla a cada uno de los grupos sociales de la problemática de conjunto de la  realidad social, en cuyo inte-rior se viven las contradicciones de clase, creando deliberadamente compartimentos estancos e incomunicados, diversos y antagónicos, constituyéndose así, una vez más, el dominador capitalista que maneja los medios de comunicación de masas, en árbitro y dueño de la sociedad. Utilizan el viejo adagio romano: ‘divide y vencerás’.
Toda la poderosa superestructura de las nuevas tecnologías se enfoca, con toda la fuerza de persuasión que conlleva, a mantener la división social para dificultar al máximo la unión de las fuerzas antagónicas del poder dominante.
La dialéctica emisor-receptor, en esta perspectiva, no hace sino sesgar las expectativas estéticas de cada grupo social y llevarlas a la relación dominante-dominado. Por ejemplo, un lema tan aparentemente inofensivo como ‘mens sana in corpore sano’ (mente sana en cuerpo sano), puede resultar altamente autoritario e ideológico: la permanente insistencia en crear un cuerpo y mente sanos, pueden contribuir a distraer la atención de otras problemáticas sociales y políticas.
Mattelart piensa que, cuando los presupuestos con que trabaja una revista inducen el pensamiento del lector en una dirección determinada y premeditada, convierten a la revista en cuestión en represora. Es difícil encontrar una revista que cuestione sus propios presupuestos ideológicos por el hecho de que ‘distraigan’ al lector de otras preocupaciones u obligaciones en otros ámbitos sociales.
·         La colonización publicitaria
De todos los lenguajes comunicativos quizá sea el publicitario el que más coacciona al receptor. En él se junta el lenguaje mercantil con el lenguaje de la supuesta creencia de que es el consumidor quien manda sobre el producto. En él se unen, supuestamente, el productor con el consumidor. Nada más lejos de la realidad.
El lenguaje publicitario ha colonizado la conciencia de la reacción del espectador por su capacidad de estar en todas partes (ubicuidad). Lenguaje sinuoso que pretende unir emisor con receptor, lo cual equivaldría a unir productor con consumidor. Y aparentemente lo consigue. A través de ese lenguaje existen un serie de sofismas que legitiman a una clase en el poder. Por ejemplo: la experiencia es necesaria para el cambio; para adquirir experiencia es necesario ser empresario; luego sólo el empresario puede promover cambios. Y otros por el estilo.
Estos sofismas pasan por alto cómo se forma el capital, su valor en la vida real, al servicio de quién está y qué intereses defiende, es decir, esconden la contradicción que existe entre capital y trabajo, propiedad de los medios de producción y utilización de los mismos, trabajador-consumidor.
El punto eutéctico de la contracción radica en que la detección de la propiedad de los medios de producción y su utilización (el trabajo), marca la diferencia definitiva e irreconciliable de la defensa de los intereses de las clases sociales, aunque el discurso publicitario aparente conciliar ambas.
El discurso de la tecnocracia pretende ocultar esta contradicción restringiendo el concepto de producción a su resultado: bienes para consumir. Muchos tecnócratas confunden el mundo libre con el mundo de la libre empresa que mundializa la producción de las empresas multinacionales y transnacionales mimetizando en su discurso sus propios proyectos ideológicos con los de sus adversarios y reduciendo a la nada las posibilidades de sus competidores: todos tenemos libre acceso a la libre empresa, grave sofisma que oculta la imposibilidad del acceso libre a quien carezca de medios.
El discurso dominante habla de integración nacional, incluso internacional. La publicidad lo corrobora: en todo el país, y hasta en todos los países, se consumen los mismos productos.

INTEGRANTES DE EQUIPO 
·         ARREGUIN FARIAS MA. ANTONIA
·         FIGUEROA SOLIS AREMIS
·         GARCÍA CASTAÑEDA MARICELA
·         MEJIA REYES SAMUEL
·         ORBE GALLARDO CRISTIAN
·         PACHECO MARTINEZ ISABEL ALEJANDRA
·         RODRIGUEZ LOZANO REYNO
·         PEÑALOZA ZARAGOZA NOEMI